martes, 21 de noviembre de 2017

REFLEXIONANDO

Uno de los mayores problemas con el que se enfrenta un profesor de Matemáticas es despertar en los alumnos el interés por lo que se está enseñando. La enseñanza de cualquier disciplina se encuentra con este problema, pero quizá la matemática especialmente. La matemática es saber hacer, es método, y lo importante debe ser fomentar las estrategias del pensamiento abstracto, crear un clima adecuado para no sólo hablar de Matemáticas, sino sobre todo de hacer Matemáticas. El aprendizaje de las Matemáticas ha de ser funcional. Debe ayudar a los alumnos y alumnas a tomar decisiones, enfrentarse y adaptarse a situaciones nuevas, expresar sus opiniones y ser receptivos a los demás. Detrás de un programa de Matemáticas subyace, de manera más o menos explícita, una determinada concepción de las Matemáticas. Esta concepción influye decisivamente no sólo en qué Matemáticas conviene enseñar sino en cómo hay que enseñarla. Si el alumno es el protagonista fundamental de su aprendizaje y cada uno tiene un perfil distinto dentro de un conjunto de capacidades generales y actitudes específicas, el aprendizaje sólo es posible a partir de su propia actividad intelectual. La motivación, el interés del alumno por aquello que está aprendiendo es el factor desencadenante de esta actividad.

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